Cuando crecer también es saber acompañarse

Crecer para ser Pagoa by Talenom

En mayo tomé una decisión importante.

No fue repentina ni impulsiva. Fue de esas que se rumian durante semanas, incluso meses, hasta que un día dejan de doler y empiezan a tener sentido.

La decisión llevaba tiempo ahí, casi desde antes de comprar Pagoa hace tres años, pero esta vez fue distinta. Esta vez tenía claro que no quería seguir sola.

El primer paso, aceptarlo yo.

Antes de decirlo en voz alta, tuve que aceptarlo yo.

Después, compartirlo con quienes siempre han estado cerca:

  • Con mi hermano, Roberto, a quien conocéis bien. Mi compañero de viaje imprescindible y apoyo constante en este proyecto.
  • Con mi familia, que ha vivido Pagoa desde dentro, con todo lo que eso implica, los momentos buenos y los muy difíciles, poniendo tiempo, manos y recursos cuando ha hecho falta.
  • Y, por supuesto, con mis hijos.

Un proyecto de todos y para todos.

El mayor ha formado parte de este proyecto desde dentro.

Los pequeños han crecido viéndome crecer con él. Han pintado paredes en la oficina, merendado entre papeles, visto series en el sofá mientras yo terminaba una llamada. Pagoa forma parte de su paisaje cotidiano, igual que forma parte del mío.

Cuando una decisión se toma de verdad, ya no hay vuelta atrás.

Hablé con mis inseparables del oficio (los que me dan norte, los que son brújula) y, como suelo hacer, me puse a ello sin titubeos.

Pasaron los meses.

Con dudas, conversaciones largas y momentos de calma. Poco a poco, la idea fue tomando forma. Hasta que sentí que también tenía que compartirlo con mis hijos, aunque no tuviera todas las respuestas. Quería que el cambio no les llegara de golpe, que lo vivieran como lo que era, una evolución natural.

 

Un domingo salimos a andar en bici.

En un tramo tranquilo, a solas, se lo conté al pequeño.

—Esta semana me voy a Madrid.

—¿Y eso, ama? Si ya no viajas…

—Es un viaje importante, quizás la reunión más importante que he tenido en muchos años.

—¿Y eso qué pasa?

—Pues mira, me voy a reunir con una chica que…

—¿Que quiere comprar Pagoa? —me interrumpió.

Se enfadó.

Y lo entendí.

Para él, Pagoa no es una empresa. Es parte de su vida.

Le expliqué que esa persona podía hacer que Pagoa dejara de ser un pequeño bosque en Irún para convertirse en un bosque que crece en más lugares, incluso fuera de aquí.

Mientras lo decía, me di cuenta de que era verdad. Para que el bosque crezca hacen falta más manos, más medios y más personas cuidando lo que ya existe.

Que haya quien quiera cuidar de ese crecimiento es una señal clara de que las raíces son fuertes.

Me miró, sonrió y dijo:

—¡Qué guay, ama!

Seguimos pedaleando toda la mañana, charlando sin prisa. Y en ese momento entendí que ese era el camino que quería seguir.

A veces, cuando algo crece, lo más responsable es abrir espacio y confiar.

 

Una nueva etapa

Hoy, desde Pagoa Consultoras, queremos compartir que iniciamos una nueva etapa junto a un proyecto de mayor dimensión, con un grupo con el que compartimos valores, forma de trabajar y visión de futuro. Ser parte de Talenom ya es una realidad.

Este paso no cambia lo esencial. Seguimos siendo el mismo equipo, las mismas caras y trabajando con la misma cercanía, el mismo rigor y la misma manera de acompañar a quienes confían en nosotras.

Lo que cambia es el respaldo.

La capacidad de llegar más lejos sin perder nuestra forma de hacer las cosas.

Más recursos

Una estructura más robusta que nos permitirá ofreceros:

🌿 Mayor cobertura territorial, tanto en España como en el ámbito internacional.

🌿 Nuevos servicios especializados en gestión, tecnología y asesoramiento integral.

🌿 Más recursos para seguir innovando y acompañaros con garantías y estabilidad.

Crecer para ser Pagoa by Talenom

Pagoa sigue siendo casa.

Sigue siendo un equipo humano que entiende contextos, trayectorias y personas.

Sigue siendo un lugar donde lo transfronterizo se traduce en tranquilidad.

 

El bosque crece.

Las raíces permanecen.